Fe – Faith Swami Vivekananda

comentario a los Yoga sutras – commentary on Yoga Sutras

Lotus flower

castellano, english

¨La “fe” es a menudo utilizada por los agnósticos como un término de abuso. Es decir, se toma como referencia a la credulidad ciega que acepta todo tipo de dogmas y credos sin cuestionar, repitiendo lo que se ha enseñado, y cerrando los oídos a la duda y la razón. Tal “fe” debe ciertamente ser atacada. Se compone de pereza, obstinación, ignorancia y miedo. Debido a que es rígida e inflexible, puede ser fácilmente sacudida y destruida por completo.

Pero esta no es la verdadera fe, la fe recomendada por Patanjali. La verdadera fe es provisional, flexible, no dogmática, abierta a la duda y la razón. La verdadera fe no es como un marco de imagen, un área de aceptación limitada permanentemente. Es como una planta que sigue lanzando brotes y creciendo. Todo lo que necesitamos, al principio, es una semilla. Y la semilla no tiene por qué ser más que un sentimiento de interés por las posibilidades de la vida espiritual. Quizás leemos un pasaje en un libro que nos conmueve. Tal vez nos encontremos con alguien que parece haber alcanzado cierto grado de sabiduría y tranquilidad a través de la práctica de la meditación y las disciplinas espirituales. Nos interesamos y nos intrigamos. Tal vez esta sea una solución para nuestros propios problemas, tal vez no lo sea. No podemos estar seguros, no deberíamos, en esta etapa, estar seguros, pero decidimos intentarlo.

Supongamos que está sujeto a la indigestión. Un día, lee un libro sobre dieta o conoce a un médico que le dice que puede restaurar su salud, si sigue sus instrucciones. Usted no tiene que aceptar el libro o el médico con una fe ciega, pero sí tiene que tener fe provisional e hipotética. Tiene que asumir que la dieta ayudará a su condición. Tiene que probarla, antes de poder decir con autoridad, si es útil o inútil. Así, también, con la dieta espiritual que recomiendan los grandes maestros. Tiene que tener fe provisional en la verdad de las Escrituras y en la palabra de su maestro.

Además, tiene que tener energía. Sin energía, no puede seguir ningún tipo de instrucciones, día tras día, y realmente probar su valor. Buda señaló que, si hay algún pecado, es pereza. Como hemos visto al hablar de los gunas, tamas es la condición más baja de la naturaleza y la mente humana. Pero, por suerte para nosotros, la energía es como un músculo; crece más fuerte a través del uso. Esta es una verdad muy simple y obvia, pero perpetuamente sorprendente. Todo artista creativo conoce esos días de estupidez aparentemente en blanco y falta de inspiración en los que tiene que obligarse a trabajar. Y luego, de repente, después de horas de trabajo, el esfuerzo es recompensado; las ideas y el entusiasmo comienzan a fluir hacia él. En todos nuestros compromisos, el pequeño esfuerzo diario es de suma importancia. Los músculos de nuestra energía deben ser ejercitados continuamente. Así, gradualmente, ganamos impulso y propósito.

A medida que la fe aumenta a través de la experiencia personal y la energía crece a través de la práctica, la mente adquiere una dirección, se vuelve recordada en el significado básico de la palabra. Nuestros pensamientos se han dispersado, por así decirlo, por todo el campo mental. Ahora comenzamos a recopilarlos nuevamente y dirigirlos hacia un único objetivo: el conocimiento del Atman. Mientras hacemos esto, nos encontramos cada vez más absortos en el pensamiento de lo que estamos buscando. Y así, al fin, la absorción se funde con la iluminación, y el conocimiento es nuestro.¨

“Faith” is often used by agnostics as a term of abuse. That is to say, it is taken to refer to the blind credulity which accepts all kinds of dogmas and creeds without question, repeating parrot-like what has been taught, and closing the ears to doubt and reason. Such “faith” should certainly be attacked. It is compounded of laziness, obstinacy, ignorance and fear. Because it is rigid and unyielding, it can quite easily be shaken and altogether destroyed.

But this is not the true faith—the faith which is recommended by Patanjali. True faith is provisional, flexible, undogmatic, open to doubt and reason. True faith is not like a picture frame, a permanently limited area of acceptance. It is like a plant which keeps on throwing forth shoots and growing. All we require, at the beginning, is a seed. And the seed need to be nothing more than a feeling of interest in the possibilities of the spiritual life. Perhaps we read a passage in a book which moves us. Perhaps we meet someone who seems to have reached some degree of wisdom and tranquillity, through the practice of meditation and spiritual disciplines. We become interested and intrigued. Maybe this is a solution for our own problems, maybe it isn’t. We can’t be sure—we ought not, at this stage, be sure—but we decide to give it a try.

Suppose you are subject to indigestion. One day, you read a book about diet or meet a doctor who tells you that he can restore your health, if you follow his instructions. You do not have to accept the book or the doctor with a blind faith, but you do have to have provisional, hypothetical faith. You have to assume that the diet will help your condition. You have to try it before you can say with authority whether it is helpful or useless. So, too, with the spiritual diet which the great teachers recommend. You have to have provisional faith in the truth of the scriptures and in the word of your teacher.

Also, you are to have energy. Without energy you cannot follow any kind of instructions, day after day, and really test their value. The Buddha pointed out that, if there is any sin, it is laziness. As we have seen in discussing the gunas, tamas is the lowest condition of nature and the human mind. But, luckily for us, energy is like a muscle; it grows stronger through being used. This is a very simple and obvious, yet perpetually amazing truth. Every creative artist knows those days of apparently blank stupidity and lack of inspiration on which he has to force himself to work. And then, suddenly, after hours of toiling, the effort is rewarded; ideas and enthusiasm begin to flow into him. In all our undertakings, the little daily effort is all-important. The muscles of our energy must be continually exercised. Thus, gradually, we gain momentum and purpose.

As faith increases through personal experience and energy grows through practice, the mind acquires a direction, it becomes recollected, in the basic meaning of the word. Our thoughts have been scattered, as it were, all over the mental field. Now we begin to collect them again and to direct them toward a single goal—knowledge of the Atman. As we do this we find ourselves becoming increasingly absorbed in the thought of what we are seeking. And so, at length, absorption merges into illumination, and the knowledge is ours.¨

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